Todos aprendemos

El curso escolar llega a su fin y ahora nos toca recordar todas las anécdotas que hemos vivido. Porque nuestros alumnos han aprendido mucho pero nosotras, como profesoras, también lo hemos hecho.

Durante este curso he tenido el pacer de impartir clases de inglés a varios peques. Uno de los grupos con los que más he crecido como docente ha sido, sin duda, el grupo de los peques de infantil. En concreto, quería compartir con vosotros lo que me ocurrió en una de las últimas semanas, con uno de los alumnos.

Hemos trabajado durante todo el año con un curso diseñado por Oxford, enfocado a niños de infantil. El material es muy visual y muy interactivo. El inglés que se imparte a esas edades hace hincapié sobre todo en el aprendizaje de vocabulario. Se centra también en ganar familiaridad con el idioma, a través sobre todo de la comprensión auditiva más que en la expresión oral.

Pues bien, para estudiar vocabulario hemos contado con la ayuda de las flashcards, esto es, tarjetas con dibujos que permiten que los alumnos identifiquen la cadena fónica de la palabra que nosotros los profesores decimos con el objeto al que se refiere. Esto, desde el punto de vista lingüístico, es esencial. De nada nos sirve saber decir a la perfección dog si no somos capaces de identificarlo con un perro.

Así, el grupo de infantil ha ido estudiando y, lo más importante, asimilando el vocabulario de diferentes ámbitos temáticos: la familia, el colegio, la granja, los oficios… Todas las clases empezábamos repasando de manera acumulativa este vocabulario. Sin embargo, siempre lo hacíamos del mismo modo: yo enseñaba la flashcard y ellos pronunciaban la palabra.

Un día se me ocurrió poner en práctica un método que utilizo con niños más mayores. Tenía mis dudas de que con los peques me fuera a funcionar. Era un día raro: dos de los alumnos habían fallado y estaba tan solo con uno de ellos. Así que me decidí a ponerlo en práctica, dada la tranquilidad de la que disponíamos –al estar cara a cara alumno y profesor, no se produjeron accidentes del tipo “un peque decide meterse espontáneamente en la papelera”, anécdotas que darían para otra entrada aparte en el blog-. Mi método consistía no en enseñar la flashcard sino en describirla. Es decir, el input visual desaparecía, y el alumno solo recibía información auditiva.

Aprender

Por ejemplo, escondía la flashcard correspondiente a “sandwich” y le proponía el juego de adivinarla. Entonces le decía “imagine that you are very, very hungry. You go to the kitchen and open the fridge. You take cheese, tomato… and put it in some bread. What is this?”. Para ayudar al alumno, hacía algunos gestos, como el de abrir el frigorífico. Y, sorprendentemente, el niño fue capaz de descubrir la palabra escondida.

Creo que esto es un buen ejemplo de cómo nosotros, como docentes, tenemos que renovarnos y buscar nuevas formas de enseñar. Y confiar en que, nuestros alumnos van a saber responder positivamente.

Así que, como decían los latinos: Sapere audet!, que podemos traducir como, “Atrévete a saber”. Sed valientes y, pese a que ahora se aproximen las vacaciones, no dejéis de aprender.

Natalia López

Hábitos de estudio

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