Otra oportunidad

Aquí estamos, empezando la segunda evaluación. Otra oportunidad para todos, pero vista de muy distinta manera según nos haya ido, o les haya ido a nuestros niños y adolescentes. Los que aprobaron todo y les fue bien la primera, tienen otra vez la oportunidad de demostrar que lo saben hacer muy bien, que se han esforzado y ha merecido la pena, e incluso casi seguro, la oportunidad de mejorarse a sí mismos, que es lo que mejor nos sienta a todos. Saber que hemos sido buenos, pero que somos capaces de ser mejores, ¡qué orgullo!. Y para aquellos que en la primera no aprobaron todo, tienen la ocasión de aprender de sus errores y tratar de rectificar. Pero esto no es tarea fácil. Es llevadero la primera semana, cuando aún nos acordamos de los suspensos vividos. Es un poco más duro la segunda semana, cuando ya empieza a ser todo más rutinario y parece que la presión va disminuyendo. Y es una cuesta arriba total, para más o menos la tercera semana, cuándo si no se lo han propuesto de verdad, la normalidad ha vuelto a sus tardes de estudio y no existe la más mínima opción de mejora.

 

Para evitar esto, apoyo y ayuda. Son niños, por lo general les va a costar darse cuenta de que hay que espabilar, si no les guiamos nosotros. Claro, esto no consiste en recordarles todas las tardes las que han suspendido, lo poco que estudian y las posibilidades que tienen de suspender otra vez, porque si no, acabarán creyéndoselo y ni se molestarán en esforzarse. Es lo que se conoce como el efecto Pigmalion. Si tenemos una idea preconcebida sobre algo o alguien, esa creencia puede influir directamente sobre la realidad. Es decir, si a los niños les estamos repitiendo continuamente, si sigues así vas a suspender otra vez, si sigues así te vuelven a quedar cinco, si sigues así no levantas cabeza… al final acaban creyéndoselo y no se molestan en mejorar, porque total, ya saben que van a suspender.

Por todo esto, la mejor manera de apoyarles vuelve a ser el día a día, el apoyo al estudio continuado, donde sí que les tenemos que hacer ver que algo ha fallado. Son ellos los que tienen que reconocer ante nosotros que algo hemos hecho mal, y digo “hemos” el equipo, la familia y los que nos dedicamos a su educación, y por tanto juntos, tenemos que trazar las nuevas líneas de trabajo. Nosotros les tenemos que guiar, pero tienen que ser ellos los que acaben diciendo, bueno, pues voy a estudiar una hora más al día a ver si así lo conseguimos. O a partir de ahora, a las mañanas de los domingos les sacaré un par de horas para repasar lo de la semana… Compromisos que serán los que nosotros les recordaremos si los abandonan. No os importe firmar un contrato con ellos, algo simbólico, algo que manifieste su compromiso, para que si en algún momento se salen de él, no tener que acusarles con que van a suspender otra vez, sólo recordarles que ellos mismos decidieron comprometerse con un nuevo método de trabajo, porque lo vieron necesario, nadie se lo impuso, lo eligieron ellos y por eso, les será más fácil reconocer que tienen que volver al buen camino, para aprovechar esta nueva oportunidad que se les ha dado.

 

Silvia Carrera Sanjuan

Hábitos de Estudio

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