Motívame

Parece una tarea fácil pero la verdad es que no siempre hacemos lo necesario para llevarla a cabo. La diferencia entre un niño motivado, y uno desmotivado puede ser crucial en un examen, en una asignatura o incluso en sus estudios.

Estamos de acuerdo en que hay muchas veces en que un niño puede acabar con la paciencia de padres, profesores o educadores en cuanto a estudios se refiere. ¿Quién no se ha sentado a hacer los deberes con un niño, y ha terminado subiéndose por las paredes porque no hay manera de acabar la tarea? Casi todos hemos vivido algo parecido. Pues bueno, ese fin de paciencia nunca y digo nunca, será excusa para decirle al niño que él no vale para estudiar, que así nunca va a conseguir nada, que si fuera tan bueno como su hermano sí que sería otra cosa… Por favor, mucho cuidado con nuestras palabras, que pueden llegar mucho más allá de lo que imaginamos.

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Lo dicho, sabemos que normalmente son palabras fruto del “calentón” del momento, pero tenemos que intentar controlarnos, sobretodo, si las mimas palabas se nos escapan más de una vez. Si a un niño le repetimos muchas veces que no vale para estudiar, o que no vale para las matemáticas o para el inglés, acabaremos hundiéndolo y con toda la razón del mundo.

No estoy diciendo ni mucho menos que no haya que hacer nada al respecto. Podemos enfadarnos, podemos castigarle si se lo merece o hacerle ver que tiene que trabajar más para conseguir sus objetivos, pero no decirle que no lo va a conseguir. Lo que un niño ve ante unas palabras de desmotivación o de vencimiento de sus padres o profesores, es que las personas que mejor le conocen se han dado cuenta de que no lo va a conseguir nunca, entonces, ¿para qué intentarlo más? Si quién mejor me conoce y más me quiere, ya da por sentado que es imposible, ¿quién soy yo para intentar cambiarlo?

Mucho cuidado por favor, no es lo mismo una frase dura como: “Tienes que esforzarte más para conseguirlo. En cuanto te esfuerces todo lo que tú puedes, lo vas a conseguir seguro, pero tienes que trabajar mucho más duro.” Que una frase fruto de la desesperación “Mira, si no vales para estudiar, te buscas trabajo y punto”

Unas palabras duras de alguien que nos importa, nos pueden hacer daño a cualquiera por muy duros que seamos. Pues a un niño o adolescente, que aunque quiera demostrar lo contrario está totalmente indefenso, pueden acabar calándole muy hondo y nunca para bien.

Así que antes de una mala frase, contemos hasta diez, respiremos hondo y trasmitamos la misma idea pero en positivo. Serios si es necesario o incluso enfadados, pero motivando, que el niño siempre pueda sacar un mensaje que le haga mirar hacia arriba, y no que le ayude a esconder la cabeza y quedarse estancado.

 

Silvia Carrera Sanjuan

Hábitos de Estudio

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