Los Pokémon caminan erguidos

Igual que vosotros al leer el título, me quedé yo el otro día cuando un niño de tres años me argumentaba con total seriedad semejante idea.

Bueno, para ser fieles a la verdad no hablaba de los Pokémon en general, hablaba de uno en concreto que era su amigo, y me dejó impresionada como me razonaba que su amigo “Charizard”, le podía llevar en hombros mientras volaba porque era un Pokémon bípedo, que caminaba erguido. De verdad, tres años y semejante vocabulario…me dejó como poco, dándole vueltas nuevamente, a la idea de que para aprender no vale con estudiar, hay que jugar mucho y tener mucha imaginación.

 

CharizardPequeño

En esa conversación, además de un rico vocabulario que no quedaba ahí, había un sinfín de razonamientos lógicos de cómo se comportaba el tal “Charizard” debido a su físico. Más adelante la conversación divagó en dinosaurios y en cómo se extinguieron porque un meteorito cayó en la tierra, en “Nessie” el monstruo del lago Ness del que perfectamente sabía que se encontraba en Escocia, y de todo esto, yo no dije ni una sola palabra, todo salía de él, de sus conocimientos que con tan sólo tres años tenía perfectamente grabados y los cuales manejaba con una facilidad pasmosa. No era un repetir datos como un lorito porque lo acababa de aprender no, era una conversación totalmente razonada con conocimientos que probablemente no olvide nunca porque los ha hecho suyos.

Por supuesto, en el colegio no le han explicado nada de esto. Todo ha surgido de su curiosidad, de sus ganas de saber sobre los temas que le interesan, de ver dibujos, de jugar en casa con su familia, seguramente de alguna excursión a Dinópolis, ya que recuerdo que claramente me indicó que él había estado en Teruel viendo dinosaurios…vamos, que no ha leído libros ni ha memorizado textos hasta altas horas de la mañana.

Y por supuesto este niño protagonista hoy de nuestro blog, es sólo un ejemplo de los muchos que hay. No he querido hablar de ello como algo excepcional, al contrario, he querido nombrarlo porque sé que esto mismo que viví yo, todos lo habéis visto en más de una ocasión en vuestros hijos, sobrinos o incluso en el niño que te encuentras en el tranvía. Lo que quiero resaltar es que es muy fácil aprender cuando las cosas nos interesan, cuando nos dejan investigar, cuando tengo unos recortables que puedo ensuciar, doblar o incluso perder sin que nadie me eche la bronca, en definitiva cuando puedo jugar y aprender a mi ritmo. ¿Será tan difícil trasladar esta idea a las escuelas? ¿Costará tanto enseñar a los niños guiándoles en sus investigaciones, en sus curiosidades? Yo no digo que no, pero sería tan fructífero…

 

Silvia Carrera Sanjuan

Hábitos de Estudio

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