Papá te faltan dos.

De lo que hoy hablo estoy segura que lo sabéis todos, pero me sorprende tanto cada día, que no quería dejar pasar la oportunidad de compartirlo con vosotros.

Es increíble la capacidad que tienen los niños de aprender, tal y como se dice normalmente, son auténticas esponjas. Todos los niños en general, pero a partir de los 2 años y pico hasta los 5 o 6 en particular, están ansiosos por saber más, por adquirir conocimientos nuevos.

Como me dijeron una vez, nunca encontraremos una edad en la que los niños tengan tantas ganas de aprender lo que sus profesores, padres, etc., puedan enseñarles, como la etapa de infantil. No vuelve a llegar una etapa en la educación, en la que saben que necesitan aprender cosas, porque todas les van a ser útiles.

Niño estudiando

El otro día, en una clase de Es x Lógica, estábamos en medio de una actividad y utilicé la palabra incordiar. Como una alumna no sabía lo que era, me pidió el significado y se lo di. No habían pasado ni 10 minutos cuando ella estaba usando esa misma palabra en otra situación distinta. Que genio, ya había hecho suya la palabra, si nosotros hiciéramos lo mismo con los idiomas… si cada palabra nueva que aprendiéramos la usáramos rápidamente para incorporarla en nuestro vocabulario… ya nos iría de otra manera ya 😉

Y siguiendo con los ejemplos, el otro día vino una mamá a la academia a buscar a su niño de 4 años, que también salía de clase de Es x Lógica. La verdad es que con niños de estas edades, cualquier ocasión en clase es buena para preguntarle, ¿Cuántas fichas tienes tú?, ¿y yo? Entonces, ¿quién tiene más? Y para que tengamos igual, ¿cuántas tendría que coger yo? Bueno, preguntas de ese estilo, que aunque no sean el objetivo de la actividad que estemos desarrollando, siempre las utilizo porque les hacen pensar y darse cuenta de un montón de cosas casi sin querer. Pues bien, la mamá de la que os habló, me contaba que el otro día en casa se sorprendieron un montón cuando el niño que estaba pintando, le dijo a su padre “papá, dame 5 hojas que voy a hacer unos dibujos” su padre, como tantas veces, entendió ese cinco, como “papá, dame hojas” y por tanto, cogió unos pocos folios al azar (tres exactamente), y se los dio al peque. Cuando este los tuvo en su mano, miró a su padre y le reprendió “papá, te faltan dos” Y esto con cuatro años, ¿son o no son geniales?

Imagino que esto os pasa a vosotros padres todos los días, y es por eso que no quería que os sorprendierais con esta entrada, sólo quería contar una historia más de las que pasan día a día en todos los hogares con peques, para que recordemos que a estas edades, aprender, les parece lo mejor del mundo, así que mediante juegos, mediante historias, durante las comidas, siempre, siempre que podamos, sigamos enseñando a nuestros niños, porque tal y como os comentaba al principio, esas ganas locas que tienen de aprender, conforme se hacen mayores, no surgen tanto como a nosotros nos gustaría.

Y vosotros, ¿queréis compartir alguna historia en la que un niño, os haya sorprendido con todo lo que saben? Seguro que todos tenéis a montones.

 

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