¿Hay lenguas más fáciles que otras?

No hay nadie que no haya oído, al enfrentarse al aprendizaje de una lengua nueva, eso de “tiene que ser muy difícil”. ¿Hay de verdad lenguas más complejas que otras? ¿Es posible clasificar las lenguas según su complejidad? Esto es lo que se llama un prejuicio lingüístico, es decir, sentencias incorrectas o infundadas pero que se han extendido en la sociedad y que, por tanto, todo el mundo cree. Hay muchos, como por ejemplo la creencia de que sin tradición literaria, una lengua tiene menos categoría, o que hay lenguas más evolucionadas o más avanzadas que otras.

El problema inicial es saber qué es una lengua. Eso sí que es complejo de definir. Las lenguas son sistemas, que reflejan la facultad del lenguaje que tenemos los seres humanos. Es decir, las lenguas son la manifestación externa de otra “lengua interna”, de esa facultad del lenguaje. La lengua externa, a la que llamamos muchas veces “idiomas”, son a las que nos enfrentamos como alumnos.

Diferentes idiomas

¿De dónde surge ese concepto de “dificultad” o “facilidad” de una lengua extranjera? Siempre surge de la comparación con nuestra lengua materna. Por eso, tendemos a decir que aquellas lenguas que se parecen más al español, en nuestro caso, son más “fáciles”. ¿Qué ocurre? Que no podemos calificar a una lengua en su totalidad de fácil o difícil: siempre se ha de estudiar a distintos niveles. Pongamos un ejemplo, con una de las lenguas más en boga en la actualidad: el inglés. El inglés, a nivel gramatical, puede ser sencillo; pero a nivel fonético la cosa se complica. Por eso, el aprendizaje de la gramática puede resultar más fácil y rápido, pero la pronunciación y la comprensión oral siempre van a suponer una dificultad. Con el español, sin embargo, sucede lo contrario: a nivel fonético no es complicado, pero la gramática es más compleja – basta con echar un vistazo al subjuntivo -.

Así, como alumnos y como profesores, hemos de ser conscientes de los distintos niveles de estudio de una lengua y comprender que hay cosas que nos van a costar más o menos, siempre en relación con nuestra lengua materna, pero que eso no hace que una lengua sea más fácil o más difícil.

Hay que saber que aprender un idioma siempre es un reto, un desafío; pero no podemos enfrentarnos a él con la idea de que es “difícil”. Quizá así nos bloqueamos. Lo que hay que hacer es disfrutar del camino y del aprendizaje, admirando las diferencias que existen entre las lenguas y sorprendiéndonos día a día de la capacidad de comunicarnos y de esa facultad del lenguaje que tenemos los seres humanos.

Pero hay que tener claro… ¡que podemos con todo!

 

Natalia López Cortés

Deja un comentario

Stepping Stones