5 trucos para crear unos buenos hábitos de estudio

La lista que a continuación voy a detallar, no tiene que ser ni mucho menos, la panacea para cualquiera de nuestros niños. Son simplemente una serie de técnicas que yo, junto a las familias,  hemos ido introduciendo con algunos de los niños con los que he trabajado, y en algunos más y en otros menos, pero siempre hay alguna que acaba dando resultado (o casi siempre). No hay que seguirlas todas, sólo buscar las que pueden adaptarse a nuestros niños y nuestras costumbres.

1.- Sentarnos a trabajar con ellos pero sin invadir.

A los niños por lo general les gusta repetir lo que sus mayores. Si mientras ellos hacen los deberes, estamos sentados al lado leyendo, trabajando, ordenando facturas o incluso con un libro para aprender un idioma, es siempre productivo para los dos. El niño imita al adulto y este, aprovecha el tiempo para hacer algo como puede ser leer. No hace falta que sea papá o mamá, ni nadie que le vaya ayudar con los deberes, el niño sólo necesita ver un ambiente de trabajo en el horario de los deberes.

Sin duda esta es una de las mejores opciones, pero no siempre hay tiempo para ello.

camino libros

2.- No sentarnos con ellos, pero si interesarnos al principio y al final de qué es lo que tienen que hacer y qué es lo que finalmente han hecho.

Cuando llegan a casa, o mientras volvemos del colegio con ellos, podemos iniciar una charla sobre lo que han hecho en clase y lo que les han mandado para casa. Tiene que ser una conversación en la que ellos estén cómodos, que les sirva como desahogo de lo mucho que les han mandado o de lo poco que tienen para casa… que no nos vean como a unos guardias sino como a unos confesores donde desahogarse. Así, al finalizar sus tareas, podremos ver si han hecho todo o no, si eso que decían que les iba a costar tanto, ha sido terminado, vamos, si están hechas todas las tareas. Y claro, siempre lo haremos desde su perspectiva. Si ellos nos han dicho que algo era muy difícil, así se lo valoraremos al pedirles que nos lo enseñen para ver si está acabado,

3.- Estudiar con ellos. Correcto, como suena, estudiarnos la lección también nosotros.

Sé que parece broma pero es lo que hay. El mismo apoyo que les dábamos cuando eran bebes y lloraban, y pasábamos la noche en vela, hay que dárselo ahora con los estudios. Si desde pequeños se acostumbran a que cuando tienen un examen, estamos con ellos hasta el final, cuando estén en cursos superiores no les importará pedirnos ayuda. No, no me refiero a ayuda con las dudas, si no a apoyo a la hora de estudiar.  Si una noche están agobiados con el examen que tienen que preparar, sentaros a su lado, ayudarles a memorizar, a que no se duerman, a que no se rindan, tiraros juntos en el sofá con una manta para estudiar…, igual en el momento no, pero seguro que con el tiempo, os lo agradecerán.

4.- Apuntar los deberes para poder tachar lo que van terminando.

Es muy satisfactorio ver que las tareas se van acabando por eso, un buen método de motivación es que apunten todas las asignaturas que tienen al día siguiente en un papel, incluso gimnasia y recreo si hace falta y que vayan tachado las que vayan dejando terminadas. ¿Qué sucede? Que nada más empezar ya puedo tachar algunas, las que no mandaron deberes el último día, las que ya tienen hechas del fin de semana, la gimnasia, el recreo… vamos, que antes de empezar, ya parece que tenemos la mitad del trabajo hecho y eso, motiva a cualquiera. Cosa que termino, cosa que tacho. Con su boli favorito, o rompiendo ese trocito de hoja, o borrándolo, da igual, algo divertido, para que sea más estimulante y así, hasta que la hoja esté tachada entera.

También tenemos la variante de dejar que lo tachen cuando hayamos comprobado que está todo bien.

5.- Acabar los deberes con algo que les guste pero que sea didáctico. Por ejemplo, pintar ese dibujo tan bonito que hace mama, o ese tan feo, o continuar con el comic que habían empezado, o un juego didáctico de ordenador en familia o uno de razonamiento tipo los de “Es x Lógica”…algo que previamente haya despertado su interés y que por tanto, sea su recompensa ante unos deberes bien hechos.

Y con esto termino la lista de cinco. Seguro que a muchos no os he descubierto nada, pero también estoy segura de que a otros tantos, os he hecho pensar un poquito en qué podemos hacer para motivar a nuestros niños y adolescentes. Y vosotros, ¿cómo les ayudáis con las tareas? ¿Queréis compartirlo? Seguro que es enriquecedor para todos.

 

Silvia Carrera Sanjuan

Hábitos de Estudio.

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